“La migración es un módo ideal de promover el co-desarrollo, o sea, la mejora de la condiciones sociales y económicas tanto en origen como en destino de un modo concentrado y coordinado basado en las complementariedades de las dos”, Kofi Annan, ex secretario general de la ONU.
En el 2006, los inmigrantes enviaron a sus familias alrededor de 260.000 millones de dolares en forma de “remesas”. Las remesas informales suman otro 50% al total de las remesas formales, así que el total es probablemente más del doble de la Ayuda al Desarrollo Oficial (ADO) que reciben los países en desarrollo . Además de este proceso, la circulación de personas con cualificación puede promover “la ganancia de cerebros” en la medida que un país de destino pueda aprovechar aquellos con educación adecuada que ocupen puestos adecuados en los sectores necesitados, mientras que los países de origen pueden tener a los mismos trabajadores cualificados de vuelta, enseñando, invertiendo y compartiendo sus conocimientos y preparando a otros compatriotas.
La migración internacional es un hecho, que en última instancia está vinculado a la falta de desarrollo sostenible como ha observado la Comisión Global sobre Migración Internacional (2005). Este fenómeno está, además, fomentado por “efectos llamada” de cierta importancia que surgen de la demanda de empleo y las bajadas demográficas en los países “desarrollados”.
En la era de la globalización y la integración de mercados, la migración internacional puede, por lo tanto, ser una respuesta potencialmente interesante tanto para países de destino como de orígen. Pero, incluso si los beneficios económicos de las migraciones pueden ser positivos, también tenemos que mirar los costes y ver cuál es el impacto, no sólo en términos económicos sino también en relación al bienestar social de aquellos que son partícipes del proceso migratorio.